El mito de las características del líder


Mucho se habla de si se necesita tener ciertas características para ser un líder, y si así es, cuáles son esas características. La creencia popular nos ha hecho pensar que se necesita ser energético, extrovertido, audaz y una serie de atributos más propios de Indiana Jones que de una persona real, para lograr ser el líder soñado.



El mito de las características que debe poseer un líder viene, precisamente de la Teoría de las Características, una de las primeras teorías de liderazgo que llevó a estudiar a grandes personajes de la historia, y a determinar las características que tenían en común, que los hacían ser personas notables en su campo. No se llegó a un consenso claro, se encontraron muchísimas características distintas, y en algunos casos la única conclusión a la que se llegaba era que “los líderes no eran como otras personas”. Frase, en mi perspectiva, más inútil que útil porque no da una guía clara y nos hace sentir a todos (los que conformamos el grupo amorfo al que se refiere “otras personas”) como parte de esa inmensa mayoría que, probablemente, nunca llegará a descubrir, y mucho menos personificar, aquello que compone al ser mágico y mítico llamado líder -o unicornio- que para el caso pareciera que son lo mismo.


La realidad es mucho más compleja y bondadosa con nosotros los mortales.


Con el surgimiento del Modelo de los Cinco Grandes Rasgos de la Personalidad de Lewis Goldberg (1933) y su posterior evolución hasta volverse teoría (lo que sucedió en 1993), todas esas características se ajustaron en alguno de los mencionados rasgos, que son: 1) apertura a las nuevas experiencias, 2) responsabilidad, 3) extroversión, 4) amabilidad y 5) inestabilidad emocional. Se llegó entonces a la conclusión de que la característica más común era la extroversión. Pero ¡oh sorpresa!, cuando otros estudios miraron más de cerca, se aclaró que la extroversión puede ser una característica importante cuando el líder emerge, pero no para sostener en su día a día. De hecho, pareciera que los líderes demasiado asertivos son menos eficientes que aquellos que son asertivos con moderación. También los rasgos de responsabilidad y amabilidad estuvieron presentes, aunque utilizados de manera adecuada y en las situaciones adecuadas: ser amable siempre y hacerte responsable de todo, siempre, pueden ser incluso contraproducentes y mermar los resultados del equipo, llevados al extremo.


A últimas fechas se habla también de otras características, como la inteligencia emocional, que aunque todavía se encuentra en evaluación en distintos estudios, pareciera ser que sí es determinante para poder ejercer un liderazgo efectivo.


Tampoco podemos dejar fuera el contexto. ¿Cómo se modificaron los líderes durante el confinamiento y época de home office? ¿O con el aumento de los negocios digitales? ¿Cómo se modifica con la diversidad e inclusión en las empresas?


En conclusión, es cierto que se han encontrado ciertas características comunes en los líderes, pero éstas no son determinantes si no se hace un uso adecuado de ellas en la situación y momento adecuados, y el no tenerlas no nos excluye como posibles líderes. Es también poco realista pensar que fueron, son y serán fijas, cuando las necesidades ambientales se encuentran en constante cambio: un ejemplo claro es que antes se pensaba que para ser un buen líder debías tener muchísimos años de experiencia y hoy cada día más hay personas jóvenes que demuestran una excelente capacidad de liderazgo.


El liderazgo no es un molde en piedra, sino en material maleable, y aquel que pueda identificarlo y ejercerlo como tal, será quien mejor capacitado esté para ejercer el liderazgo presente y futuro.



Referencia:


Robbins, S. P., Judge, T. A., & Brito, J. E. (2009). Comportamiento organizacional. Pearson Educación.



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